RAÚL PINO-ICHAZO TERRAZAS ALBERT EINSTEIN ÍNTIMO
domingo, 12 mayo 2019 - 06:00 AM - La Voz de Tarija


Refutando  a la idea abstracta que se forma la colectividad sobre la presunta indiferencia de este excepcional científico alemán-judío hacia los sentimientos, especialmente al amor  y a las virtudes cardinales; este  hombre concibió en su espíritu una proclividad intensa  hacia la humanidad y a su preservación.

No muchos conocen la carta  memorable que escribió a su hija Lieserl, en la cual, a través del dominio del lenguaje y al efecto perseguido, conduce  a la receptora de la misiva sobre los motivos que  sobrepujaron  su mente para proponer la  teoría de la relatividad que indubitablemente transformó al mundo de entonces y sigue haciéndolo al actual.

Le escribe tiernamente a su hija  y desvela que muy pocos lo entendieron, por  ello le pide que transmita a la humanidad un mensaje que seguramente colisionará  con la incomprensión y los prejuicios del mundo; le confía que  existe una energía  extremadamente poderosa, para la que, hasta ahora, la ciencia no ha encontrado una explicación formal; es una fuerza, le relata, que incluye y gobierna a todas las otras y que incluso está detrás  de cualquier fenómeno  que opera  en el universo y, aun, no ha sido identificada  por nosotros.

Peor aún, ha sido vilipendiada, burlada y despreciada por muchos científicos y médicos del mundo; esta fuerza universal es el amor. Cuando los científicos estaban tras una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible  y poderosa de las fuerzas: el amor, que es la luz dado que ilumina a  quien lo da y lo recibe. El amor es gravedad porque hace que las personas se sientan atraídas ´por otras. El amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos y permite  que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo.

El amor, continúa el científico, escribiéndole tiernamente a su hija, revela y desvela y se vive y muere por él; el temor, el mal humor, la ira, la ofensa y la venganza son actitudes  contra el amor. El amor es Dios y Dios es amor; por lo contrario, la astucia, la sagacidad, la picardía y la habilidad con el manejo de la maldad no es inteligencia y ésta no es humana es divina  porque solo funciona  cuando contiene amor.

Identifique el lector la superioridad del pensamiento de Einstein al lograr explicar el amor con su propia y complicada teoría física diciéndole: “para dar visibilidad al amor he hecho una simple sustitución en mi ecuación más celebre; si en lugar de EC=Mc2 aceptamos que la energía  para sanar al  mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos  a la conclusión que el amor es la fuerza  más poderosa  que existe porque no tiene límites”

Liserl, le dice a su hija: “ no estamos preparados para fabricar una bomba de amor; un artefacto lo bastante potente para destruir  todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asola al planeta, sin embargo, la consuela diciéndole que cada  persona  lleva en su interior  una llama incandescente  y poderosa que genera  amor y cuya energía  espera ser liberada”. Asienta el lector sobre la capacidad del científico al explicar  el amor a  su joven hija a través de la teoría de la relatividad y adaptarla a su mentalidad.

Y con estas palabras emotivas por su sinceridad cierra Einstein su misiva a Lieserl: “me duele mucho hija, que no haya sabido expresar lo que alberga mi corazón que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida; quizás sea demasiado tarde para pedir perdón, pero todo es relativo y necesito decirte que  te quiero  y que gracias a ti he llegado  a mi ultima respuesta;  solo por amor será salvado el amor”.

Esto ejemplifica a todos los padres el estado irrecuperable de no poder durante toda una vida abrir el corazón nuestros hijos, que es la reflexión de este columnista.

por: Raúl Pino-Ichazo Terrazas

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