Historias

“Las aparecidas de Orán” leyendas de la frontera boliviana

“Las aparecidas de Orán” leyendas de la frontera boliviana
domingo, 19 noviembre 2017 - 11:57 AM - Jessica Hoyos


Va cayendo la noche y los 38 grados centígrados de temperatura que marcaron los primeros calores en la provincia de Salta en Argentina parecen no afectar a Javier,  un chofer de minivan que hace la ruta desde Salta hasta la frontera con Bolivia y viceversa. Las 5 horas que distan de trayecto, el calor, la ruta recta y a veces tediosa propician el ambiente para conversar con Javier sobre sus aventuras en el camino.

Javier comienza a manejar a las 7 de la noche pero aún sigue de día, lentamente la noche abraza el cielo salteño y se ven largas caravanas de vehículos aunque a veces también la movilidad va sola e ilumina y reina en la carretera, es entonces cuando surge la pregunta, ¿y Don Javier sabe alguna historia de por aquí o algo que le haya pasado, normalmente suelen asustar por estos caminos?

El chofer, de contextura delgada, lanza un pequeño suspiro y una media sonrisa casi como si hubiera estado esperando que alguien le preguntara. Bebe un poco de agua, afina la garganta para mejorar el acento y acomoda su poncho de gaucho en el que viene sentado, es ahí cuando comienza a narrar las historias de sus aventuras y el haber vivido de cerca la presencia de “las novias” más temidas de la ruta.

Se dice que en los años de 1990 una pareja estaba por contraer matrimonio, ella era una simpática joven de “La Colonia de Santa Rosa”  y él un joven de Orán. “No recuerdo bien si fue la ex novia o la amante del muchacho que al enterarse de las futuras nupcias se propuso a asesinar a la futura novia, contrató unos tipos que la mataron y la fueron a tirar a lado de la ruta y como estaba lloviendo no la pudieron enterrar bien, al otro día la descubrieron porque se le veían los pies”, cuenta.

Luego de esta tragedia, que llamó mucho la atención,  innumerables misas rogaban por el alma de la infortunada. Es aquí donde la leyenda cobra vida pues se dice que “la novia” se les aparece a quienes caminan a altas horas de la noche o pasan manejando solos por esa zona.

Asimismo sobre la ruta que une a Orán con Yrigoyen en el año 1980 una historia similar sucedió con una muchacha que estaba comprometida y que finalmente la muerte trágica dio inicio a la creencia que se la puede ver penar vestida de blanco y de mirada fulminante.

Hasta aquí muchos de los pasajeros se muestran incrédulos pero Javier sabe manejar muy bien a sus atentos oyentes. “Ustedes pueden creer o no pero al momento que se les aparece el mismo mandingo no hay religiones ni ateos, tienes que seguir las reglas básicas primero no mirar nunca al ente a los ojos porque te lleva o te deja loco, segundo pensar en un objetivo ya sea buscar la luz y concentrarse porque te hacen chocar y tercero aferrarse a lo que sea que uno crea para tener fortaleza de sobrellevar el sudor frío y el pulso inquieto”.

Él dice que la primera vez que escuchó la historia de la novia de La Colonia de Santa Rosa aún estaba con 18 años allá por el año 2001, él se mudó ahí e iba a la escuela que estaba a unos 11 kilómetros de su casa. Utilizaba como medio de transporte su bicicleta de carreras. Salía del colegio a las 10 de la noche, tomaba un colectivo hasta el cruce de La Colonia de Santa Rosa y continuaba, llegaba a su casa a la 1 o 2 de la mañana.

Sus amigos al enterarse de esto le contaron la historia de “la novia” que asustaba mucho a los que pasaban por la zona de noche, no obstante, admite haberse mostrado escéptico ante los cuentos y teorías que manejaban sus amistades, hasta que finalmente un día vivió la experiencia en primera persona.

Su experiencia con “La Novia”

“Yo iba en la bici muy tranquilo, había llovido e iba esquivando los charcos que brillaban o sino me alumbraba algunos trechos con mi linternita, era una noche rara de por sí, muy oscura pero fresquita con el ruido de los grillos a tope”, recuerda.

En un momento de la marcha, Javier sintió que la bicicleta se le puso pesada. “Quizá se me pinchó la llanta o se me pegó el freno con el barro”, pensaba. Entonces para, revisa y hacer girar las llantas y todo normal, avanza otro trecho cuando vuelve a sentir el peso y con esto llegan los primeros escalofríos para él.

Ahí me acordé de todo lo que me contaron y ya tenía el miedo al 50 por ciento me propuse no parar, y no mirar baje la vista y pedalee con todas mis fuerzas, fui ahí cuando vi de reojo una figura blanca volando por los arboles seguí y seguí hasta que llegué a un pequeño ranchito”.

Ahí se detuvo, miró a su alrededor, revisó la bici, tomó aire, se repuso un poco y se dispuso a continuar. “Quizá me imaginé, estos changos ya me sugestionaron seguro”, dice. Paso el pequeño rancho cuando nuevamente sintió el peso pero esta vez la situación de agravó pues le comenzaron a tironear la mochila hacia arriba.

“Entre la oscuridad y tener que pedalear sin parar esquivando los charcos con barro, ahora me jalaban hacia arriba, sentía clarito ahí mi miedo subió a tope pero me paré en la bici para pedalear más fuerte, pensé si me va a llevar que me lleve peleando, yo no le hice nada a ella ni la conozco, pensé en mi familia no tenía más opción que seguir, la otra era tirarme al suelo y que me alcance esa cosa”.

Luego de dos intensas horas, llegó a su casa pero admite que nunca le contó esta historia a su madre para no preocuparla además del temor de que luego no le deje ir al colegio. “En el colegio me hice famoso todos querían que les cuente la historia de cuando la novia se me apareció”.

El ciclista fantasma

En esta oportunidad estaba entrenando ya que tiene un gran apego a la bicicleta, estaba por la ruta nacional 34 partió de Embarcación en un recorrido que tenía el objetivo de llegar a Pocitos, una localidad argentina ubicada en la frontera con Bolivia que colinda exactamente con la ciudad de Yacuiba.

Dice que iba con buen ritmo, era una noche tranquila sin más novedad que esquivar algunos camiones o vehículos particulares, hasta que en un momento de soledad llega a escuchar el ruido de un traqueteo de hierro viejo, ahí se da la vuelta y ve a un gaucho montando una bicicleta de esas viejas que no tienen cambios y tampoco están muy bien cuidadas.

“Me llamó la atención que venía rápido, incluso me pasaba. Yo pensé este es un capo, pero cuando venía un auto se retrasaba y se escondía en la noche, no pude verle la cara así que decidí esperarlo para tener un compañero de ruta”.

Javier lo esperó y le preguntó que para dónde iba, pero no recibió respuesta, le preguntó también sobre la bici que de que año era pero tampoco su consulta fue atendida. Así que como buen salteño charlador siguió porfiando incluso esperó al hombre misterioso y se colocó a su lado.

“Llevaba un sombrero y no se le movía para nada, iba quietito con la mirada al frente, lo raro es que tenía una capa, cuando la vi me entró el primer escalofrío”. Seguían en eso pedaleando par a par hasta que una camioneta salió de un lado del camino sorprendiéndolos ahí fue que miró de reojo al ciclista y se dio cuenta que era como una sombra sin nariz ni rostro.

“La camioneta al cruzarse me hizo pasarme al otro lado del camino pero el otro se cayó y al caer vi que manoteó para agarrarme el pie, se hizo como un revoltijo entre su capa y su sombrero, me asusté y comencé a pedalear muy fuerte vi unas luces al frente y me dije tengo que llegar ahí”.

Sin embargo otra vez fue alcanzado por el ciclista misterioso e incluso este lo dejó atrás. “Ahí me entro el coraje lo seguí y otra vez a su lado le dije: Che amigo en serio no querés charlar, te has caído estás bien o no, en esta oportunidad me respondió como con un ruido con la garganta. Así que le dije bueno entonces te dejo tranquilo vos también déjame seguir cada uno que siga para su lado. Otra vez me gruñió y comencé a acelerar hasta que finalmente esta presencia desapareció del todo”.

Otras leyendas salteñas

Muchos colectiveros según cuentan algunos portales de medios salteños han sufrido ciertas presencias en las rutas de la provincia de Salta. Aseguran ver una mujer vestida de blanco que aparece en el camino y luego en un segundo se sienta en el asiento trasero provocando un gran susto en quienes la miran por el retrovisor.

Incluso una ambulancia que llevaba un herido al pasar por la ruta de Orán tuvo esta experiencia, el único que sobrevivió fue el chofer que vio en el retrovisor desmayarse a la enfermera y al médico que iba a su lado, el miro por el reflejo un movimiento y pensó que era la enfermera pero se encontró con unos ojos que brillaron y le hicieron perder el conocimiento, provocando un choque.

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