MAX MURILLO MENDOZA LAS CRISIS DEL CAPITALISMO LAS SALVAN LOS POBRES DEL MUNDO
miércoles, 25 marzo 2020 - 01:06 AM - La Voz de Tarija


Hoy mismo los mercaderes del capitalismo están negociando y viendo cómo pueden ganar en esta tragedia, lo están haciendo. Porque los mercaderes solo ven ganancias en la muerte y la desolación. Esa es la lógica y la matemática de la muerte y la ganancia, como raíz del funcionamiento capitalista. Todas las crisis globales de este sistema, desde la llamada modernidad, siempre las salvan los pobres del mundo, porque la muerte de millones de hambrientos y desocupados no cuentan para el sistema, sólo son estadísticas matemáticas en este infierno de las ganancias. Lamentablemente la esclavitud humana es la cómplice de este escándalo normal, habitual y brutalmente individualista. 

El virus asiático ha desencadenado una crisis económica sin precedentes; pero con las mismas recetas conocidas desde siempre: descargar sobre las espaldas de los sin nombre, de los más pobres del mundo. De aquellos que no tienen voz en la política, ni en la intelectualidad o en los medios de incomunicación. En todas las crisis del sistema se les pide sacrificios inhumanos a los pobres; no a los  ricos. A los explotados; no a los explotadores. A los pobres se les pide no comer, no trabajar porque algún milagro les salvará. El sistema ya aprendió a lidiar con su consciencia, para eso están las iglesias.

Hoy como el año 2008 se cierran fábricas, se cierran negocios, se cierran industrias y tiendas por todo el mundo. Millones ya están desocupados; miles de millones ya no tienen ni presente y peor futuro alguno en este mundo. Pues el sistema no aprendió de la última crisis, porque no le interesa: son los pobres  los que salvarán otra vez a este sistema, con su muerte y sacrificio infinito.

Hoy nos llega con más crueldad los coletazos del sistema, nos toca la puerta. Un país sin Estado o ni siquiera remedo de Estado, es decir sin instituciones sólidas, además con peleas tercermundistas en la política criolla, el virus asiático tiene servido la muerte y la tragedia. Este llamado Estado no ha decretado nada interesante, sino la paralización total de la economía, como la distribución de alimentos por ejemplo. Ese acto debería ser el primero si es que tuviéramos Estado alguno. Los ricos pueden estar años en cuarentena; los pobres ni un día. Paradojas de un país dizque con una misma historia.

Los Estados capitalistas ricos están otorgando miles de millones de dólares a sus ciudadanos, sobre todo a quiénes perderán sus pequeños y medianos negocios. Aquí ni siquiera alimentos se puede distribuir, que debería ser un acto básico de un Estado serio. Los comercios están especulando y haciendo negocios con la tragedia; pero nadie dice nada, sólo discursos de costumbre llamando a la “consciencia ciudadana”. Aquí ni siquiera se llama a la solidaridad ciudadana con los más afectados, con los más pobres. Sólo se les insulta y se les denigra de manera absolutamente injusta e individualista. Pues un país sin Estado tiene estas consecuencias funestas. 

Bolivia sigue nomás en la periferia y el tercermundismo por sus inútiles clases altas. Estas que no entienden ni un ápice de las condiciones estructurales, sociales e históricas en las que nos encontramos. Otra vez la sociedad civil, urbana y rural, tendrá que vérselas como siempre. La organización será por supuesto la clave del éxito en las bases y en  los barrios. El remedo de Estado sólo entiende de represión y sangre; no de organización y reciprocidad con las sociedades civiles.

En este cuento conocido del sistema, las élites no conocen nada. Ni siquiera pueden copiar bien las experiencias del mundo. Ciertamente la solidaridad de nuestras sociedades, urbanas y rurales, tiene que salir a relucir en estos momentos terribles. Sobre todo con la provisión de alimentos a escala gigante, porque ya hay hambre en los barrios pobres y periféricos. Los negocios y tiendas están cerrando, es decir la desocupación ya está presente. Toda esa complejidad implica grados de organización y liderazgo sin precedentes. Como en tiempos de guerra.

Otra vez, como en todos los momentos de crisis de nuestra historia, las bases y las organizaciones sociales deben tomar consciencia de la situación y acudir a nuestra memoria larga. Requerimos organizarnos con urgencia. No podemos perder más tiempo, porque el virus asiático está aquí y exigirá tremendos esfuerzos en los precarios sistemas de salud que tenemos; además del hambre y la desocupación. Semejante complejidad sólo podemos contener con organización y mucha consciencia social.

Es un momento crucial de nuestra historia. Un momento de toma de consciencia por nuestras colectividades y comunidades, atacadas desde hace décadas por el sistema capitalista individualista, destructora de identidades culturales e historias milenarias. No podemos perder esa batalla con ese Goliat sediento de sangre y esclavitud mental. Lamentablemente los sacrificios serán inmensos. Somos los dueños de estos territorios desde hace miles de años, sólo nosotros podemos y conocemos nuestras historias, nuestros secretos y nuestras voluntades. Por eso seguimos aquí.

por: Max Murillo Mendoza

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