Max Murillo Mendoza URGENCIA DE NUEVOS LIDERAZGOS
viernes, 14 agosto 2020 - 06:00 AM - La Voz de Tarija


Los movimientos sociales y organizaciones sindicales en Bolivia, fueron completamente destruidos, cooptados al poder de un grupo de oligarcas de izquierda, mediante dinero fácil y corrupto. Todos esos movimientos y organizaciones fueron divididos y desmantelados, en nombre de unas estrategias “leninistas”, entroncados y a fuerza de martillo ideológico impuestos por unas clases medias activistas y voluntaristas, que desconocen nuestras realidades. Esas cúpulas oportunistas, peguistas, sin formación política, que se adueñaron del MAS en el anterior régimen, gracias al mandarín fiestero y poco revolucionario.

Vemos en estas semanas de intransigencia política, más allá del descalabro del gobierno actual, que las cúpulas del MAS en sus vertientes campesinas, indígenas y periféricas citadinas, sin dirección alguna, sin liderazgo y sin objetivos claros. Sólo obedeciendo a las consignas de esa cúpula irresponsable, que sólo ve desde el palco el circo romano donde los pobres son otra vez los más sacrificados y perjudicados. En las trincheras no están los Lineras, los Evos, los Quintanas y tantos ex ministros, ex ministras, ex viceministros, etc. Esos cobardes ya se aprovecharon de los pobres, pues a nombre de ellos gozaron de las delicias del poder. En las trincheras están los mismos que ponen el pecho a las balas, y al destino.

Los movimientos sociales y las organizaciones sindicales no se merecen los líderes que tienen, no se merecen semejante espectáculo de traidores. Tienen una responsabilidad enorme con el país, con su destino y el de sus semejantes. Están siendo utilizados irresponsablemente por gente profesional en la política, es decir en la trampa y el goce de los resultados. Los movimientos sociales tienen que recuperar el prestigio ganado en los años 80 y 90 del anterior siglo, cuando se enfrentaron al pensamiento del neoliberalismo. Cuando el país entero les agradeció entonces.

Son momentos de crisis profunda, que requieren sinceras miradas al interior de ellos mismos para procurar críticas saludables y salir de este espectáculo bochornoso, donde los mandarines se lavan las manos y dejan solas a las bases, condenadas al fracaso político, ideológico y de condena generalizada por las condiciones de pandemia, que sufre el país. Momentos cruciales que necesitan de valentía crítica.

Asistimos a un momento de clarividencia en la historia política del país. Necesitamos con urgencia nuevos liderazgos, que asuman los nuevos tiempos que vivimos. La generación de fracasados, de izquierda y derecha (como los cavernarios y cruzados medievales del Comité Cívico de Santa Cruz), que dejan a nuestro país totalmente polarizado y casi al borde del enfrentamiento, es resultado de la ausencia de construcción de Nación, de puentes reales de entendimiento en un país complejo desde siempre; pero con  muchas potencialidades de convivencia colectiva, sostenible y solidaria.

Como nunca antes necesitamos de sangre nueva en la política boliviana. El hartazgo y la náusea de ver como repetimos los mismos errores, casi calcados de los anteriores por culpa de los políticos actuales, que son gente vieja y desgastada en las prácticas políticas tradicionales corruptas, poco civilizadas, viendo enemigos por todos lados. Necesitamos con urgencia una renovación total de la política boliviana, porque lo que tenemos ciertamente da asco y repugnancia, cuando menos, por tantos problemas que resolver. El hambre, la miseria del pueblo, la pandemia que está destruyendo todo a su paso, requieren de gente distinta, no enfermos mentales buscando el poder a como de lugar.

Los movimientos sociales, como los sindicatos también necesitan cambios que realizar. Profundos en muchos casos como en la COB. Seguirán aportando al país, como en varios momentos críticos; pero en estos momentos sólo están siendo utilizados y maquinados desde el exterior, para unos fines realmente oscuros y poco dignos por la coyuntura.

Bolivia es esencialmente un país joven; lo cual  no reflejan las cúpulas políticas de izquierda y derecha, llena de vejestorios carcomidos por la corrupción y la degradación de sus actos, de sus acciones políticas cupulares. Bolivia tiene que enterrar de una vez a los Tuto Quiroga, Doria Medina, Evo Morales, García Linera, etc, que son los culpables de este descalabro social en que nos encontramos. Esa generación de inútiles pero mafiosos en política, nos dejan un país que hay que volver a reconstruir con mucho sacrificio.

Los jóvenes del país asisten a una degradación sin límites de la política, que se encuentra en el peor momento de su espectáculo moderno. Lamentablemente no tenemos ejemplos que sirvan al menos de enganche, de maestros para el aprendizaje del servicio a los demás como acto político. No tenemos un Mujica.

Nuestros políticos son lo más degradante de lo humano. El cinismo en acción, como virtud política boliviana. El pragmatismo como escuela, de los más maleantes como ejemplos. Por todo eso, es urgente romper cuanto antes con esta generación de viciados y enfermos  mentales que sólo buscan el poder por el poder, sin importarles las condiciones estructurales del país, sin importarles un mínimo la situación de las inmensas mayorías.

por: Max Murillo Mendoza

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