EDITORIAL LA DEMOCRACIA ENTRE POLÍTICOS, PROMESAS Y PANDEMIA
lunes, 7 septiembre 2020 - 06:00 AM - La Voz de Tarija


El proceso eleccionario nos ha colocado a todos entre la cruz y la espada, pero ahora no solo tenemos que lidiar con las candidaturas que prometen todo, pero nada objetivo y sincero, sino también con la pandemia del COVID-19.

Si se hubieren respetado los plazos enmarcados por ley, y no se habría recurrido a propagar temor ante el coronavirus, ayer domingo 6 de septiembre se hubiere realizado las elecciones nacionales y quizá hoy ya sabríamos si vamos a una segunda vuelta o si tenemos un gobierno legitimo salido de las urnas.

Pero bueno, como se ”consensuo” el plebiscito para el 18 de octubre, ayer ya se bajo la bandera electoral y las organizaciones y alianzas políticas arrancaron con sus campañas, olvidando la pandemia, realizando caravanas y demás profusiones en busca del voto.

El pueblo boliviano tiene pocas nuevas opciones para escoger, por lo que teme comprometerse, ante eso lo que las mayorías buscan es recuperar la democracia y lograr un cambio que lleve al país a fortalecerla.

Para el ciudadano, ese cambio supone la realización efectiva de una mejor gestión de gobierno; sin embargo para los políticos, este cambio debe responder a la visión del Partido/Agrupación, de los dirigentes o de la coyuntura, y generalmente, lo que pregonan como cambio, es solamente un disfraz.

Pero inclusive muchos políticos se resisten al cambio, aunque casi todos los candidatos, lo propugnan pese a que han quedado vacíos de ideales y carentes de luces de esperanza. Lamentablemente, el ciudadano queda atrapado en las promesas de cambio y sobre todo de profundización de la democracia, pese a que en torno a estos dos conceptos hay un enorme vacío.

La mayoría de los politólogos considera que la democracia ya no tiene enemigos que puedan acosarla con los «ruidos de sables» que aparentemente han sido enmudecidos, de ese modo, el peligro que amenaza a la democracia en este tiempo, no proviene ya de enemigos que representen una posición antidemocrática, pues los riesgos están inmersos en aquellos que hablan de democracia y se escudan en ella; se sirven del sistema democrático a la hora de competir en las urnas o por la preferencia electoral, pero una vez ganado el poder, muestran total desprecio por las reglas democráticas que deben manejar en el ejercicio del gobierno.

El 10 de noviembre de 2019 salimos de un gobierno –léase gobernante- autollamado neoliberal y progresista, de izquierda, que atropello la Constitución y las leyes, absorbió a otros poderes y paso por encima de los derechos ciudadanos, acallando medios de comunicación, conculcando la libertad de expresión y vulnerando las reglas democráticas para quedarse indefinidamente en el poder.

La democracia no puede asentar su prestigio en el colapso de las alternativas que hasta hace poco se le oponían. La legitimidad de la democracia, su legitimación, y su estabilidad dependen de que ella, junto con dar gobernabilidad, mejore su rendimiento en relación con los derechos sociales, que son aquellos que tienen que ver con necesidades cuya satisfacción en materias como salud, educación, trabajo, vivienda y previsión resulta indispensable conseguir no sólo en nombre de la igualdad, sino también en el de la propia libertad, puesto que poco sentido pueden tener el ejercicio de las libertades de pensamiento, de expresión, de reunirse, de asociarse, de trabajar, para quienes viven en permanente situación de pobreza o de indigencia.

Por tanto, los gobernantes que llegaron al poder mediante la herramienta democrática, y luego conculcan las libertades, olvidan que si la democracia es puerta de entrada al poder, lo es también de salida, y que quien accede al gobierno merced a la democracia debe estar igualmente dispuesto a ejercerlo y a dejarlo en nombre de ella. Ésa es la lealtad que la democracia exige a sus partidarios, y con tanta mayor razón a quienes ganan el poder gracias a ella

por: Julio Vaca Guzmán del Carpio / fundador de lavozdetarija.bo

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