Max Murillo Mendoza CON MÁS PENA QUE GLORIA
sábado, 7 noviembre 2020 - 06:31 AM - La Voz de Tarija


El gobierno de la señora Jeanine Añez termina sin pena ni gloria. No cumplieron  nada de lo que dice y afirma, pues como siempre los discursos son formas de mentir, de adornar con palabras todo lo que no se hizo. No cumplieron con la gestión de la pandemia, porque realmente no se sabe nada de lo que pasó, ni de la cantidad de muertos y enfermos que hay y hubo. No cumplieron con los bonos, sino algunos miserables y puntuales. El tema del narcotráfico con demasiada propaganda; no sabemos a ciencia cierta los resultados. Finalmente en el tema de la democracia simplemente empeoraron las visiones contrarias de unos contra los otros.

La señora Añez pasará a la historia tradicional como uno de los gobiernos más corruptos, ineficientes e ineficaces de Bolivia. Donde la mediocridad de sus ministros y ayudantes, era por demás notorio y sobresaliente. Sobre todo pasará a la historia por la notoriedad de quiénes, supuestamente, se coronaron como los demócratas en transición que no transitaron a nada, sino a mostrar la inutilidad de propuestas de Estado. La señora Añez era el peón del tablero de ajedrez donde otros mandaban, porque su mediocridad a cuestas le impidió ser una estadista al menos para el recuerdo.

Las esperanzas que una parte de la población depositó en este gobierno, simplemente lo rifaron como quisieron. La ausencia de ideas, de propuestas nuevas, o al menos conocidas pero gestionadas de otra manera, fueron el telón principal del escenario gubernamental. Si a ese escenario añadimos la brutalidad del algún ministro que sólo empeoró todo lo peor, pues realmente  la pandemia del coronavirus tuvo su pareja perfecta de otra pandemia: política.

En realidad ahora esperamos que realmente el próximo gobierno sea de transición, una transición a la restitución de las reglas de juego democrático. El mayor esfuerzo que todos los bolivianos tenemos que hacer es la creación, o proceso de construcción a un Estado real y verdadero. Este año hemos sido testigos que la ausencia de institucionalidad, es decir de Estado, afecta demasiado al conjunto de la convivencia nacional. Lo poco de institucionalidad que había, está derruida.

Sin grados de institucionalidad, sin reglas de juego claras y sin perspectivas de Estado, pues ya sabemos cómo nos va. En Bolivia no existe planificación alguna, los esfuerzos de los últimos años ya no existen. Caminamos a ciegas, al azar, de tumbo en tumbo profundizando nuestra miseria económica como social. Por supuesto que nada se puede hacer sin instituciones sólidas, con políticos que sólo viven del azar y la coyuntura de sobrevivencia. Además, la mentalidad de pobres y tercermundistas de los políticos tradicionales, como hemos visto este año, es parte de nuestra tragedia. Es decir, sin institucionalidad y sin políticos con calidad de estadistas realmente nos jugamos la vida misma.

Ciertamente como en ningún otro momento de nuestra historia, necesitamos nuevas formas políticas, nuevos condimentos políticos, como nueva gente en el mundo político. La urgencia de renovación de la política boliviana es un grito a los cuatro vientos. Lo que tenemos definitivamente es un rotundo fracaso, que no responden a nada ni a nadie. Simplemente a la sobrevivencia de la coyuntura de la pobreza, de la mentalidad tercermundista, que es la competencia de empobrecernos cada vez más.

Sin embargo, las nuevas generaciones no reaccionan. Los jóvenes no están interesados por la política en mayúscula. Todavía tímidos y en temas postmodernos, no acaban de ingresar al terreno de todo lo posible. Todavía tenemos que esperar esa llegada de la juventud, y ojalá con esas ideas del cambio climático, de lo obsoleto de los esquemas de izquierda y derecha, del cuidado de la naturaleza. En definitiva de lo holístico como pensamiento realmente moderno, nuevo o al menos renovado.

Demasiadas tareas pendientes en el tintero. Demasiados desafíos que esperan porque los intereses ideológicos bloquean, golpean, a las posibilidades de creación de otras posibilidades de Estado. Los intereses ideológicos cavernarios de la guerra fría, que por ausencia de lecturas más nuestras y propias, siguen vigentes y resonando al compás de las clases altas y oligarquías sin idea alguna de este país. Pero que creen que con la biblia en mano inventan propuestas políticas, sin percatarse de su ridícula manera de manipular y forzar ritos sagrados populares. Tenemos muchas tareas pendientes, que no pueden esperar más tiempo como el cambio climático.

La señora Añez fue la didáctica pedagógica de todo lo que no debemos hacer. La mediocridad a cuestas debería avergonzarnos como país, porque eso repercute en la miseria y pobreza de nuestras calles: son los más pobres y humildes de este país, la mayoría, quiénes pagan los precios más altos de la injusticia por estos juegos arteros e insultantes de resentimientos, de odios y venganzas a ciegas entre grupos de poder que no tienen capacidad alguna de conducir en serio nuestros destinos. La señora Añez simplemente avergonzó al país y puso otra vez en evidencia al analfabetismo funcional de la política tradicional, de todos los bandos, como a las élites religiosas cómplices de la mediocridad y el engaño colectivo. Bolivia no merece semejantes inventos de viejos moldes y vulgares momias del odio y el resentimiento histórico.

 

por: Max Murillo Mendoza 

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