Max Murillo Mendoza EL PERÚ SE PONE DE PIE ANTE LA DESTRUCCIÓN DE SU LEGALIDAD
miércoles, 18 noviembre 2020 - 02:17 AM - La Voz de Tarija


Como en varios lugares del mundo, los jóvenes peruanos salen de su letargo y ocupan las calles en algunas ciudades importantes, para protestar y ponerse de pie frente a la infamia, frente al engaño y las trampas de la política tradicional de aquel país. Hace pocos días el Perú hizo noticia con la destitución de su presidente a pocos meses de las elecciones nacionales. Al parecer, los políticos tradicionales querían postergar las elecciones y quedarse a robar, como en varios lugares del mundo, en nombre de la democracia. Pero esos políticos, sin lecturas claras de su sociedad, no contaban con la reacción de la sociedad, sobre todo de los más jóvenes que ya están hartos y cabreados de tanto engaño en nombre de la democracia.

El Perú nos muestra en estos días que su sociedad también está molesta, disconforme con quiénes gobiernan en nombre de la prostituida democracia, que a lo largo del mundo está en profunda crisis. Estos últimos años por todo el mundo se han adueñado de ella, mafiosos, populistas e ignorantes peligrosos como Trump, en parte por la dejadez de las sociedades que demasiado confiadas en sus estructuras, han permitido avasallamientos peligrosos. Lamentablemente sólo la fuerza del pueblo, de los colectivos y las masas hacen que se frene las arremetidas de los políticos mafiosos.

Como en Bolivia, los políticos peruanos tradicionales se aferran a las leyes y las distorsionan para favorecer sus intereses. Como en Bolivia, esos politiqueros interpretan las leyes a su manera, sin respetar realmente lo que está escrito. Como en Bolivia, los tinterillos  peruanos creen que las leyes son piedra libre y las interpretan para favorecer a sus amos, a sus compinches del poder y destruyen toda la legalidad e institucionalidad de siglos. Como en Bolivia, a aquellos tinterillos no les importa la sangre ni el sacrificio del pueblo, con tal de favorecer intereses personales y de enriquecimiento ilícito.

Pues sí, esa enfermedad tercermundista del enriquecimiento ilícito y la destrucción de la legalidad y sus cimientos institucionales, ha calado en la política de todas las tendencias ideológicas de la sociedad. Los abogados son los mercenarios más perfectos para esta destrucción, porque no obedecen a las leyes sino las destruyen, las mal interpretan y se inventan sofismas para destruir lo establecido y escrito en las constituciones de los países. Nuestro país es uno de los ejemplos mundiales al respecto.

Al menos ha reaccionado el Perú, por ahora han frenado el ataque de los abogansters políticos de aquel país. El saldo como siempre es sangriento, y probablemente todo eso quede en la impunidad total. Pero nos muestra con claridad a lo que está llegando la política tradicional, y sus representantes que sólo destruyen lo poco que queda de institucionalidad, lo poco que queda de legalidad.

En Bolivia, comparativamente con la realidad del Perú, pues también estamos en esos dilemas de qué legalidad tenemos que construir. Pero el fondo del asunto es bastante simple: la ley escrita no sirve de nada, porque los tinterillos interpretan como les da la gana y se inventan mil excusas legales para romper la norma, para romper lo establecido y romper la constitución. Y no hay ley alguna para sancionar ese despropósito. Esa costumbre está arraigada en la sociedad boliviana. Los abogados son lo más peligroso de la convivencia democrática. Profesión que se descarriló hace mucho de sus objetivos: defensa de la legalidad. Hoy defienden el poder por el poder, sea económico o político. Para eso interpretan de manera personal y absolutamente cavernaria, todo lo escrito en las leyes y la constitución.

Las consecuencias de esas arbitrariedades tercermundistas, son catastróficas en la sociedad. Es decir no existe justicia, no existe el debido procedimiento ni mucho menos. La impunidad como norma es la reina de la justicia. La complicidad nuestra, además, recubre todo el engranaje de funcionamiento civil y penal, por lo que ninguna reforma o cambio funcionará a futuro.

Así nuestras democracias latinas, o tercermundistas, se van horadando y muriendo muy lentamente, hasta empujar a las masas a rebeliones o convulsiones sociales como último recurso de justicia. Porque la insostenibilidad del modelo realmente llega a su límite: las democracias ya no son las soluciones a las demandas sociales, económicas y políticas. Porque democracias sin justicia no son democracias, sino cualquier cosa a nombre de democracia. Por tanto, se justifican las rebeliones legalmente y por derecho propio colectivo.

El vecino país Perú está en momentos de convulsión, con su gente indignada por la falta de respuestas de los políticos. Políticos tercermundistas que sólo buscan sus intereses personales, interpretando las leyes a su antojo y gusto del cliente poderoso. El pueblo, sobre todo los más jóvenes,  sin embargo, también dice basta: a la prepotencia, a la impunidad y a la leguleyesca manera de interpretar las leyes y la constitución. Ciertamente, todo tiene límite cuando lo impune es regla de la política.

 

por: Max Murillo Mendoza 

LO MÁS VISTO