Max Murillo Mendoza LOS ESTADOS FALLIDOS
martes, 24 noviembre 2020 - 00:35 AM - La Voz de Tarija


Se discute mucho desde la academia y la política, qué tipo de Estados se han impuesto a lo largo de América Latina después de la colonización española. Los procesos ciertamente han sido algo distintos unos de otros; los parecidos incluso no se parecen. En el caso de Bolivia también se debatió ya varias veces, sobre todo en la llamada época neoliberal para justificar el achicamiento de las esferas del Estado, para  inventar lo privado. Lo interesante es que ni con neoliberales o estatistas funciona el Estado. Y es que en realidad Bolivia nunca tuvo Estado.

 

Más allá del papel de las oligarquías, o clases altas en términos más modernos y estéticos, que realmente fueron negativas para estos territorios, lo que la república heredó y fracasó en todo es lo más importante analizar. El desorden del siglo XIX fue elocuente, tan elocuente que se terminó con una guerra interna que nos divide el paso de un siglo a otro. Perdiendo territorios importantes como el Pacífico. Pero pues, el siglo XX tampoco se diferencia en mucho con el anterior, sino con una revolución a mediados de siglo que de alguna manera nos introduce a la modernidad, al intento en serio de forzar un Estado moderno. Aunque pocos años después, el fracaso estrepitoso de las oligarquías revolucionarias nos llevarán otra vez, a seguir repitiendo el libreto de siempre: volver a empezar y volver a reinventarse desde las cenizas.

 

El ingreso al nuevo milenio y siglo, conllevaba cierto respiro de cambios, de revueltas sociales y empujes para por fin construir algo de institucionalidad y Estado. Vemos a estas alturas que no hemos avanzado mucho, sino en la repetición de desorden, de caos, de revueltas micro y macro siempre en condiciones destructivas y revolucionarias. Y no hay Estado alguno, ni institucionalidad alguna. La pobreza es constante, como la marginalidad de la mayoría y las oportunidades no existen por ningún lado.

 

Las ideologías han pasado, las modas políticas, los discursos distintos, los partidos de distintas tendencias también. No ha pasado la ausencia de políticas de Estado; la ausencia de liderazgos y líderes cruciales. Seguimos nomás como al comienzo del siglo XIX, sin cambios algunos sino con las modas que el mundo moderno nos ha impuesto; pero sin cambiar las estructuras económicas y sociales que exigían las modas modernas. Nos llegan celulares y computadoras modernas, con sus teorías y enunciados; sobre realidades económicas pobres que pertenecen al siglo XIX. Nos llega la modernidad o post-modernidad sobre nuestra pobreza estructural, porque seguimos sin cambiar las estructuras del siglo XIX. Con sus mentalidades también provincianas y justificando la pobreza generalizada.

 

Ninguna diferencia existe entre la mentalidad de las clases altas y las bajas. Hay una coincidencia asombrosa para la socialización del desorden, de las movilizaciones y el desentendimiento generalizado. La torre de Babel es un piojo tuerto comparado con nuestra realidad.

 

Las nuevas generaciones se debaten precisamente entre los escombros de las herencias, coloniales y republicanas, que no han resuelto las más elementales razones estructurales, para dar sentido al país, para dar certidumbre y fe hacia el presente y futuro de nuestra historia. La destrucción colectiva de las instituciones y del llamado Estado es una de las cosas comunes, cotidianas del ser boliviano. Cierto que no hay Estado, nunca hubo, pero al menos hay algo de economía que se nota en los edificios, caminos, construcciones que deberían ser cuidados celosamente por todos: por la comunidad. Aspecto que no sucede en nuestras mentalidades.

 

Los aprendizajes de las nuevas generaciones son preocupantes, pues repetirán las viejas mañas mentales de la destrucción y el avasallamiento de las instituciones, no por la razón sino por la fuerza, por la imposición de la brutalidad. Comportamientos mentales que se arrastran desde el siglo XIX, por ausencia de Estado, por ausencia de costumbres estatales o imaginarios de Estado. Actitudes donde no existen diferencia alguna entre las clases altas y bajas. Quizás sean aspectos culturales, ya arraigados en el quehacer de la política y las prácticas vivenciales de los bolivianos. Pues la modernidad por estos lados no tiene cabida, sino sólo en la moda de las máquinas.

 

Los jóvenes asisten, qué duda cabe, a un concierto de bulla total y confusión total ideologizada de desorden y colectividad simultánea, donde la claridad no existe sino para el triunfo de lo bastardo y enfermo. Las nuevas generaciones sufren esquizofrenia total, porque las viejas generaciones les dejan solo desorden y pobreza generalizada. Ni siquiera el recuerdo de líderes honestos y esclarecidos, como consuelo a la ausencia total de estructuras y futuro.

 

De las cenizas serán las futuras generaciones, de las cenizas del descalabro generalizado lleno de perfume barato, como de cosméticos faciales baratos para encubrir rotundos fracasos que ni siquiera han construido algún Estado nuestro, con políticas de Estado que respondan a nuestras realidades con profundidad y realismo cultural.

 

por: Max Murillo Mendoza

LO MÁS VISTO