Un 10 de diciembre se concretó un hecho glorioso en la historia

Reseña de la bravura de un tarijeño y un regimiento formado durante la guerra del Chaco

Reseña de la bravura de un tarijeño y un regimiento formado durante la guerra del Chaco
jueves, 10 diciembre 2020 - 16:19 PM - Gabriela Flores


La guerra del Chaco por su relativa cercanía en el tiempo, nos deja todavía una sensación de rencor, tristeza y luto.

Iniciadas las acciones militares el año 1932, Bolivia no estuvo preparada ni pudo prever la magnitud del conflicto en que estaba. Iniciales victorias, tomas de algunos fortines y un pregón –falso-  de “superioridad sobre el rival”, hicieron que la idea de  victoria rápida y fácil se propagase en la mayoría de la población boliviana. El primer golpe con la dura y  cruel realidad lo vivió Bolivia en la batalla y posterior pérdida  de “Boquerón”. Esto sucedió el mes de septiembre de 1932. A partir de entonces esos mismos sectores de población que se sentían “victoriosos” comenzaron a reconocer la verdadera situación y darse de bruces con que el Paraguay no era un “país minúsculo, desvalido a quien se podía hacer  firmar la paz  en cuestión de meses”, como decían muchos periódicos al comienzo de la guerra.

La desventura  que significó Boquerón para los bolivianos se reflejó en el cambio de actitud del gobierno entonces, que dispuso el cambio del Comandante en Jefe del ejército, a la vez de propiciar la llegada del General  alemán, Hans Kunt, que a inicios del siglo XX, y contratado por otro gobierno boliviano, había “modernizado” al ejército boliviano.

Este militar alemán había formado a casi toda la clase de oficiales que estaban en la guerra, por lo mismo se creía que era el más adecuado para dirigir el conflicto.

Las consecuencias de la guerra en la población civil fueron inmediatas, la suba de los precios, la escasez de  productos alimenticios el abuso contra la población campesina e indígena del país se incrementó –al patrón, al cura, al corregidor- se sumó la conscripción obligatoria que además de conscriptos, arrancaba la producción de esas comunidades campesinas e indígenas.

Aunque en apariencia se trató, en las ciudades, de mantener una relativa normalidad, colegios, clases,  funcionarios públicos, actividad privada, toda se vio afectada con el correr del conflicto.

En el frente de batalla la situación era todavía más angustiosa, la mayoría de los soldados provenía del altiplano, en muchos casos eran trasladados a la guerra a pie, desde sus mismas comunidades a más de 800 kilómetros de distancia. Por lo mismo, gran parte de ese ejército nomás llegaba al frente de batalla era para entregarse en calidad de prisionero. Muchos otros también se entregaban al enemigo pero su argumentación era otra. Conscientes de su situación social, inicialmente los enviados al Chaco eran aquellos que no gozaban de “influencias” para evadir la línea de batalla y quedarse en las “etapas” como “emboscados”.  Es decir aquellos que gozaban de algún vínculo familiar con prominentes hombres públicos o vinculación social, eran retenidos con diversos argumentos en La Paz, Oruro, Potosí, Sucre, Tarija, siendo lo más cercano que llegaban al conflicto la población de Entre Ríos. Mientras el resto directamente era enviado al “velo de fuego”, que así llamaban a la línea misma de lucha.

Sobre esto se producían una serie de diferencias entre mandos, políticos y soldados provenientes de las diversas regiones. En La Paz, los políticos de uno y orto partido se enfrentaban acusando ya no a la ideología del opositor sino  su origen departamental, así para muchos de los políticos paceños, la guerra del Chaco era una responsabilidad de los “cochabambinos”, ya que el presidente Salamanca y muchos de su gobierno provenían de ese departamento. Esto también se volcó en los mandos oficiales y suboficiales del ejército en campaña. Un ejemplo de ello es que casi todos los departamentos de Bolivia, tenían un batallón o un Regimiento con el nombre de su departamento: Cochabamba, Sucre, Oruro, etc. mientras que esto no se pudo dar jamás con los conscriptos de Tarija, Santa Cruz o Beni…

En el caso de Tarija era mucho más discriminador este precepto, pues a los conscriptos tarijeños los distribuían en medio de las unidades militares, logrando que en pocos casos sean mayoría en cualquiera de esas unidades. Un caso excepcional fue el Regimiento Campos, posteriormente Regimiento Lanza. A este regimiento se destinó una cantidad apreciable de soldados provenientes del departamento de Tarija, más oficialidad que también tenía la misma procedencia.

El año 1933 el dramatismo de la guerra se manifestó con toda su contundencia. Gran parte de ese año se produjo lo que se llamó la “Batalla de Nanawa”. Esta batalla significó un enorme desgaste para el ejército boliviano, se comprometió en ella a más del 70% del ejército en campaña. Recursos logísticos, militares y hombres fueron arrojados por más de 4 meses a la toma de un fortín que el Paraguay había  consolidado como una fortaleza inexpugnable. Al fin de todos los intentos por tomar ese fortín por parte de las fuerzas bolivianas, resultó que Nanawa era infranqueable, jamás se pudo tomarla.

Consecuencia de esa batalla grotesca y perdida, el ejército boliviano tuvo que replegarse y ceder la iniciativa al Paraguay. Los estrategas paraguayos menos radicales en sus decisiones, pero más fríos y calculadores, entendieron que el choque frontal, era desgastador y no   generaba márgenes razonables  de éxito, prefirieron el cerco.

El Paraguay tuvo durante la guerra muchos menos recursos bélicos que Bolivia. Esto le obligó a optimizar los que poseía y sus mandos se dieron cuenta que la estrategia boliviana al mando de Kunt,  de ataque frontal era costosísima en recursos humanos y bélicos. Entonces se hicieron maestros en la estrategia del cerco, es decir sin dar batalla de frente rodeaban a determinada unida militar boliviana y a partir de la certeza que esa unidad estaba dentro de ese círculo de hierro comenzaba el ataque por diversos frentes. En muchas ocasiones no era necesario llegar al ataque porque los oficiales bolivianos se daban cuenta de lo estéril de su esfuerzo cuando se encontraban rodeados por todos los frentes, entonces preferían la  rendición que evitaba “un inútil derramamiento de sangre”, como muchos de esos oficiales declararon en Paraguay.

El mes de noviembre de 1933 las fuerzas paraguayas comenzaron su acción con el fin de “cercar” un fortín tomado por los bolivianos y que se constituía en el único triunfo de Kunt al mando del ejército en campaña. El fortín se llamaba “Alihuata”, para la población boliviana “Alihuata” era lo que para el Paraguay “Nanawa”, es decir una fortaleza, sin embargo por el agotamiento al que estuvieron sometidos los soldados bolivianos, el cruce de malas informaciones entre unos y otros; y en realidad debido a la poca previsión e impericia de muchos de los oficiales al mando de esas unidades  es que se tuvo que evacuar “Alihuata” el 6 de diciembre de 1933. La Novena División, con todo su equipamiento, debido a malas comunicaciones se replegó para donde estaba la Cuarta División, ésta última ya estaba en situación crítica frente a un cerco paraguayo

Todas estas acciones eran vistas por el general Kunt como “acciones menores”  del Paraguay. Esta era la ceguedad del comando boliviano que más tragedia generó en la guerra.

Entre el 6  y el 10 de diciembre, las tropas bolivianas fueron permanentemente asediadas. Sobre ello la temperatura del Chaco se manifestó con todo su rigor, con dos días de lluvia y picos de calor que llegaban a los 40 grados en la sombra.

Exánimes los soldados, desconcertados los mandos, pudieron en su retirada establecerse en el pajonal denominado “Campo Vía”. El 9 de diciembre, resultado de la sed y la falta de alimento, varios soldados bolivianos comenzaron a desobedecer las órdenes de sus superiores, en muchos casos se prefirió un disparo en la cabeza al tormento de la sed…

Esa misma fecha 9 en la noche ya se tenía un cuadro desolador en las filas bolivianas debido a que el cerco paraguayo estaba a punto de cerrarse. Entre las unidades de la Novena División, estaba el regimiento Lanza y como comandante de uno de sus escuadrones el Subteniente tarijeño Armando Ichazo U. Ichazo estuvo en la guerra desde el momento mismo en que esta inició y estaba convencido de su misión de defender hasta el último trance la soberanía de su patria.

El 10 de diciembre las fuerzas paraguayas con sus bandas militares hicieron conocer que el cerco estaba concluido. Las dos divisiones bolivianas con el mejor equipamiento militar eran suyas. La noticia se difundió  por las radioemisoras argentinas y al conocerse la misma en Bolivia gran parte de la población, por no decir toda, desfalleció y creyó que la guerra había culminado con una desastrosa y humillante derrota boliviana.

En el campo de batalla la alegría paraguaya era sentida como un estremecimiento de rabia por parte de Ichazo, quien ante la inactividad de sus superiores decidió la ruptura del cerco paraguayo mediante olas sucesivas de ataque en un solo frente. Hecha la ruptura, las tropas bolivianas debían salir  escapando del cerco vergonzoso y deshonroso.

El Regimiento Lanza fue distribuido en Secciones de ataque, la primera ola de ataque debía comenzar su acción a las 16:30, los paraguayos que momentos antes festejaban su acción quedaron estupefactos al ver como se lanzaban los soldados bolivianos en busca de ellos. Esa primera ola fue destrozada completamente, pero siguió la segunda ola de soldados que al grito de “¡viva Bolivia! Salieron en busca de la gloria o la muerte; minutos después saltó la tercera ola; los paraguayos creyeron que aquella locura no era posible, no era cierto lo que veían. Vino la cuarta ola y ya las filas paraguayas fueron quebradas a la quinta ola se había roto el cerco. De los bravos 500 soldados del Regimiento Lanza que actuaron en esa oportunidad quedaron con vida poco más de 150, sin embargo habían logrado su objetivo: romper el cerco paraguayo. Por esa acción se salvaron más de 2000 soldados bolivianos que aprovecharon el desconcierto de los paraguayos y pudieron evadirse hasta una línea segura.

Ichazo y dos oficiales más del Lanza pudieron llegar hasta esa línea segura, pero antes que ellos llegó el comandante Peñaranda que también había sido salvado por esta acción del Lanza y Peñaranda mandó un comunicado a La Paz señalando que el “cerco se había roto”, no dijo más. En La Paz entendieron que fue él quien había roto el cerco. En consecuencia le rodearon  con el incienso de “héroe”…

A partir de ese momento comienza el injusto olvido para Ichazo y la joven oficialidad del Regimiento Lanza, que sí fueron los que actuaron con heroísmo y bravura. Tuvieron que pasar muchos años para que se recuperase la acción del 10 de diciembre y los nombres de los verdaderos protagonistas de aquel hecho de armas.

Gracias a la acción de Ichazo y otros oficiales del Lanza, Bolivia pudo rearmar un nuevo  ejército para afrontar todavía dos años más la guerra en el Chaco. Gracias a la acción de Ichazo se salvó de la muerte  a más de dos mil soldados. La población boliviana durante muchos años no supo a ciencia cierta lo sucedido aquel 10 de diciembre de 1933 en Campo Vía. El mismo “beneficiado” con aquella acción –Peñaranda- calló sobre el hecho hasta muchos años después de la guerra en  que se vio impelido a decir la verdad. A partir de ello, el olvido, injusticia y obscuridad en que estaban los protagonistas del 10 de diciembre comenzó a develarse.

Para orgullo de los tarijeños quede el nombre de Ichazo como referente de patriotismo  y cumplimiento del deber; y en él representados  varios tarijeños que estuvieron en la guerra.

Por: Jesús Miguel Molina Gareca

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