Michael Jackson, George W. Bush y otros increíbles secuestros que intentó Pablo Escobar


Narco colombiano

Michael Jackson, George W. Bush y otros increíbles secuestros que intentó Pablo Escobar

Michael Jackson, George W. Bush y otros increíbles secuestros que intentó Pablo Escobar
Tanto el rey del pop como el ex presidente de Estados Unidos se salvaron de caer en manos del capo, quien también quiso capturar a Chabeli Iglesias y a Ricardo Gareca
lunes, 20 mayo 2019 - 06:00 AM - Agencias


Pablo Escobar, el narcotraficante más sanguinario de la historia de Colombia, cometió más de 620 atentados contra la población civil, dejó más de 46 mil víctimas, entre ellas por lo menos 550 policías a quienes pagaba por asesinar. Y una de sus peores tácticas de guerra para presionar al Estado fue el secuestro. Varios políticos y periodistas quedaron cautivos en sus manos, algunos se lograron salvar, otros no corrieron con suerte. Era tanto el poder del líder del cartel de Medellín, que intentó atrapar personalidades del mundo.

Quizás el secuestro más recordado en Colombia cometido por el capo fue el de la periodista Diana Turbay, hija del ex presidente Julio César Turbay Ayala. Fue capturada en 1990 tras ser engañada con una supuestamente entrevista con el líder guerrillero, el sacerdote Manuel Pérez Martínez. Duró poco menos de cinco meses en una granja de Copacabana, municipio de Antioquia. Y murió en 1991 durante una operación de rescate al recibir una bala de fusil por la espalda que perforó su riñón izquierdo e hígado.

Otras personalidades que lograron salir con vida del cautiverio fueron el expresidente Andrés Pastrana, para entonces un periodista candidato a la Alcaldía de Bogotá. Hasta su sede de campaña lo fue a buscar el sicario John Jairo Velásquez, alias Popeye, quien se hizo pasar por un dirigente antioqueño que apoyaba su elección. Hasta que en 1988 llegó con 10 hombres más que se hicieron pasar por miembros del M-19 y se lo llevaron a Escobar, quien quería presionar al gobierno para poner fin a la extradición.

Con esa misma finalidad Escobar secuestró en 1990 al entonces jefe de redacción del diario El Tiempo, Francisco Santos, actual embajador de Colombia en Estados Unidos, quien duró ocho meses en cautiverio. Dos años atrás, en 1988, ya había secuestrado al procurador Carlos Mauro Hoyos cuando se dirigía al aeropuerto José María Córdoba de Rionegro (Antioquia), quien sería asesinado poco después.

Y el dinero y poder que la coca le había dado le hizo creer que era invencible. En medio de su afán por frenar la extradición planeó sin éxito el secuestro y asesinato del entonces presidente de los Estados Unidos George W. Bush. Pero también, quizás por diversión, quiso tener al rey del pop Michael Jackson y a la hija del cantante español Julio Iglesias, Chabeli. Además, quiso matar a Ricardo Gareca, entonces jugador del América de Cali, el rival de su club Atlético Nacional.

GEORGE W. BUSH

Cuando George W. Bush se posesionó en el gobierno estadounidense en 1989 lo primero que hizo fue cambiar su estrategia antidroga. «Antes interceptaban barcos y aviones cargados de droga en la frontera norteamericana, ahora habían decidido apuntar a la raíz suramericana del problema: los jefes narco«, describe Mark Bowden en el libro ‘Matar a Pablo Escobar’.

Las autoridades colombianas se dedicaron a desmantelar laboratorios y destruir cultivos ilícitos, mientras en Estados Unidos decomisaban mansiones y propiedades. Para entonces Pablo Escobar ya era el hombre más buscado del país, por el Bloque de Búsqueda y sus enemigos de Los Pepes. Así que propuso un acuerdo al gobierno en el que se entregaba, con sus laboratorios, si no era extraditado y le dejaban parte de su fortuna. 

El presidente Virgilio Barco analizaba la propuesta para no poner en riesgo su relación con Estados Unidos. Escobar intentó contratar a un abogado compañero de Jeb Bush, hijo menor del presidente Bush, para que intercediera con su padre. Pero el acuerdo llegó hasta febrero de 1990, cuando varios mandatarios se reunieron en Cartagena para hablar sobre la lucha antidroga. Bush los había convencido de no aceptar treguas y capturarlo vivo o muerto.

Bush se convirtió en la ‘piedra en el zapato’ de Escobar, y entonces se escucharon rumores que atentaría contra su vida. Nunca se pudieron comprobar, pero el intento más cercano estaría en manos del sicario Dandenis Muñoz Mosquera, alias ‘La Quica’, quien aún permanece en una cárcel de Estados Unidos. En 1991 había llegado a Nueva York para una misión secreta, al tiempo que se realizaba una reunión en las Naciones Unidas con varios dirigentes del mundo, entre ellos George W. Bush.

‘La Quica’ fue engañado para estar en una cabina telefónica de Queens, coordinando el supuesto ataque, se pensó en ese momento que podría ser hasta una bomba. Hasta ahí le llegaron agentes de la DEA, quien primero lo capturaron por tener documentación falsa. Pero ya detenido lo imputaron por tráfico de droga y lo señalaron de participar en la explosión del avión 203 de Avianca en 1989, que dejó 110 muertos.

MICHAEL JACKSON

Michael Jackson ya era el rey del pop cuando Escobar realizaba ostentosas fiestas en su hacienda Nápoles con los mejores artistas colombianos del momento. El capo era el hombre más rico de Colombia y uno de los más ricos del mundo. Por eso, cuando su hijo Juan Pablo, hoy conocido como Juan Sebastián Marroquín, le propuso contratar a un artista de talla internacional, él decidió que, además, iba a secuestrar al cantante norteamericano. 

Así lo contó el mismo Juan Pablo Escobar en un programa de televisión a la periodista española Ana Rosa. Afirmó que, cansado de ver los mismos cantantes cada año en las fiestas de la hacienda Nápoles, le pidió que le llevara a su ídolo, el cantante Michael Jackson, a quien el capo también admiraba. La idea era que actuara y se fuera la misma noche, por esa presentación pagarían cuatro o cinco millones de dólares de la época.

Pero el presupuesto ya era limitado por la persecución de la que era objeto el narcotraficante. Así que se le ocurrió la gran idea de contratarlo para luego extorsionarlo. Le cobraría 60 millones de dólares por dejarlo irse de la hacienda Nápoles, así recuperaría con creces el dinero invertido inicialmente. El plan ya estaba diseñado, dispondría una pista para el aterrizaje de su avión privado, y montaría el escenario en la cancha de fútbol.

Pero todo se vino abajo cuando las autoridades colombianas identificaron la hacienda Nápoles como propiedad de Escobar y le hicieron extinción de dominio. Ese día el capo escapó en un helicóptero junto a su familia, cuando los agentes de la policía y el Ejército llegaron a su más preciada propiedad.

CHABELI IGLESIAS

Escobar estaba cada vez más acorralado por el Bloque de Búsqueda que dispuso el gobierno colombiano exclusivamente para su captura, que contaba con el apoyo de la DEA y la CIA, y de Los Pepes, sus principales enemigos del cartel de Cali, paramilitares y exsocios. Sus bienes estaban siendo confiscados y había tenido que dejar parado el negocio de producción y tráfico de cocaína. Así que debía ingeniarse otra forma de conseguir dinero, y lo que se le ocurrió fue hacer secuestros extorsivos.

De esa forma pensó en secuestrar en Miami a Chabeli Iglesias, hija del cantante español Julio Iglesias a quien Escobar admiraba y escuchaba, y en Nueva York a uno de los hijos del magnate industrial Julio Mario Santodomingo. Su idea era raptarlos y traerlos a Colombia en un vuelo privado, pero su plan nunca resultó. Así lo contaría tiempo después de su muerte su hijo Juan Pablo en uno de sus libros.

Recuerda el diario El Mundo que luego del secuestro de su abuelo Julio Iglesias Puga, Chabeli, una niña de 14 años de edad, fue trasladada a Miami por su padre en 1985, junto a sus hermanos Julio Jr. y Enrique, para protegerlos de criminales que quisieran hacer lo mismo. En esa misma época Escobar ya había utilizado el secuestro como forma de financiar su guerra contra el Estado y para presionar al gobierno. Fue cuando capturó a Andrés Pastrana. 

EL «TIGRE» GARECA

El dinero y la guerra contra el Estado no fueron las únicas motivaciones de Escobar para secuestrar personalidades del país. La estrategia también sería una de sus tácticas para cobrar venganza. Así lo pensó cuando quiso capturar y asesinar al entonces futbolista argentino Ricardo Gareca, que jugaba en el América de Cali, el equipo de sus enemigos del cartel de Cali y gran rival de su club Atlético Nacional.

En la época del auge del narcotráfico en Colombia, los grandes capos compraron a sus equipos preferidos, secuestraron jugadores, compraron arbitros, arreglaron partidos. Escobar tenía el control del Deportivo Independiente Medellín y del Atlético Nacional; su socio Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano, el de Millonarios; y los hermanos Rodríguez Orejuela, líderes del cartel de Cali, del América de Cali. 

Gareca siempre estuvo en la mira de Pablo Escobar por ser la figura del América de Cali, confesó hace unos años uno de sus principales sicarios, alias Popeye. Contempló incluso poner un carro bomba a todo el elenco de ese club. Ello, también como represalia para los hermanos Rodríguez Orejuela por poner un carro bomba al edificio Mónaco donde residía la familia del capo en Medellín.

LO MÁS VISTO

Klaus Barbie

La increíble historia del "carnicero nazi" que ayudó a Pablo Escobar a forjar su imperio narco desde Bolivia

La increíble historia del
El criminal nazi Klaus Barbie, conocido como el ‘Carnicero de Lyon’, y Pablo Escobar, el cabecilla del Cartel de Medellín
domingo, 30 septiembre 2018 - 08:33 AM - Agencias


Entre matas de coca en las selvas bolivianas, el cabecilla del entonces poco conocido Cartel de Medellín, Pablo Escobar, conoció a quien impulsaría como nadie su imperio ilegal: Klaus Barbie, un criminal de guerra nazi. Su conexión casi secreta está poco documentada. Lo que se sabe de la siniestra alianza de las últimas décadas del siglo XX es que dejó a su paso golpes de Estado, negocios con el Vaticano, un grupo paramilitar anticomunista y rutas de tráfico de droga al mundo entero.

El documento con el que el ‘Carnicero de Lyon’ llegó a Bolivia

Durante la Segunda Guerra Mundial, Barbie fue llamado el ‘Carnicero de Lyon’. La razón es simple: mató a más de 4 mil judíos, envió a más de 7 mil a campos de concentración y torturó a más de 14 mil miembros de la resistencia. Y su frialdad duró mucho más que la confrontación bélica. A su término, pasó de ser un guerrero de Hitler a un espía de la CIA, y más tarde un aliado del narcotraficante más sanguinario y grande de la historia, a quien ayudó a convertirse en tal.

A la corta edad de 22 años, Barbie se unió a Las Schutzstaffel (SS) -una organización militar al servicio del Führer- donde trabajó como espía de inteligencia. Entrada la guerra fue asignado como líder de la Gestapo en Lyon, Francia (de 1942 a 1944). Fue entonces cuando sus crueles estrategias comenzaron hasta ganarse el apodo con el que se lo conoce hoy en el mundo entero. Tortura física, sexual y psicológica eran parte de sus métodos predilectos.

La brutalidad le dio el control absoluto, ningún prisionero aguantaba sin confesar los electrochoques o los animales comiéndose su piel. Su biografía escrita por el periodista Peter McFarren da cuenta de testimonios que recuerdan hasta cómo despellejaba a las personas. Se encargó incluso de enviar a niños judíos a Auschwitz, en lo que sería una muerte segura. Al terminar la guerra fue arrestado por los Aliados… pero logró escapar.

Barbie y su familia se dirigieron a una ‘ruta de las ratas’, una vía de escape para nazis y fascistas que abandonaban Europa tras la derrota de los países del Eje, que terminaban en su mayoría en paraísos seguros en Sudamérica. Para ello, el padre Krunoslav Draganovic, del Vaticano, le consiguió un pasaporte falso y pasajes como miembros de la Cruz Roja Internacional para su ingreso a Argentina.

Desde allí, el ‘Carnicero de Lyon’ pasó a llamarse Klaus Altmann, y dio un salto a Bolivia para desatar de nuevo su personalidad. Se convirtió en aliado de gobiernos de derecha, impulsó varias dictaduras latinoamericanas de las décadas de los sesenta y setenta, inició negocios con el narcotráfico y, finalmente, conoció y sirvió a Pablo Escobar.

ALIANZAS SINIESTRAS

En los años 80, Colombia tenía pocos sembrados de coca, pero adquiría el 90% de los cultivos de Bolivia. Así entró Pablo Escobar al negocio, comprando la base en el país vecino y produciendo la cocaína en Medellín. Para entonces ya era conocido como ‘El Patrón’ en el círculo mafioso suramericano. Fue precisamente su proveedor, el ganadero Roberto Suárez Gómez, quien lo presentó con Klaus Altmann, que para entonces ya había sido asesor de las fuerzas armadas en la dictadura de Hugo Banzer y se relacionaba políticos de derecha como Luis García Meza.

Escobar viajó con sus socios del Cartel de Medellín, su primo Gustavo Gaviria y Gonzalo Rodríguez Gacha, alias ‘El Mexicano’, a conocer de primera mano las matas de coca que lo abastecerían. En lo profundo de la selva amazónica boliviana se encontró con un grupo de ex militares nazis que aun vestían los uniformes de la SS, entre esvásticas y afiches del Führer que aun veneraban, como lo dejó consignado en 2001 el periodista Alonso Salazar en su libro ‘Pablo Escobar: auge y caída del narcotraficante más famoso de todos los tiempos‘.

El ‘Carnicero de Lyon’ se le presentó como ex líder de la SS, y le hizo el recorrido por los campos de coca que él mismo cultivaba para Suárez. El negocio era claro: ellos dispondrían de sus avionetas para transportar la base de coca hasta los laboratorios de procesamiento del clorhidrato de Medellín y Escobar apoyaría un grupo de exterminio de comunistas comandado por el nazi. Además, Altmann sería el contacto del Cartel de Medellín con el banco Ambrosiano, de propiedad del Vaticano.

Entonces nacieron ‘Los Novios de la Muerte‘, un cruel grupo paramilitar al mando del ‘Carnicero de Lyon‘ que brindaba servicios a las dictaduras de Sudamérica. Secuestraban dirigentes de izquierda, adiestraban gente en distintos países, enfrentaron la revolución sandinista nicaragüense, y finalmente dieron el llamado ‘golpe de la cocaína‘. Que no fue más que el golpe de Estado que comandó el militar García Meza para que regresara al poder Hernán Siles Zuazo.

Fue un convenio para los tres socios: Altmann, Suárez y Escobar. El nazi cumplía su objetivo de derrotar a la izquierda y se mantenía seguro de la justicia francesa, mientras los mafiosos continuaban sin peligro el imperio de la droga. Bajo los mandatos de estos hombres se instauró el primer narcogobierno de la historia de la región. Según el periodista británico McFarren, celebraron incluso en la famosa Hacienda Nápoles del capo colombiano.

Klaus amasaba grandes cantidades de dinero y Escobar tomó total control de las rutas de tráfico de estupefacientes desde Bolivia hasta Estados Unidos, sobornando oficiales en Colombia y Perú. Y Suárez tuvo la exclusividad de las hectáreas de cultivos de coca de casi toda Bolivia. A los narcos menores les tocaba trabajar para él o ser delatados ante el Ministerio del Interior, que estaba a su disposición.

Pero la siniestra alianza no duró para siempre. En 1983, Klaus Barbie Altmann fue arrestado y extraditado a Francia, donde lo buscaban hace décadas para que respondiera por el envío de 44 niños a un campo de exterminio. Fue condenado a cadena perpetua en 1987, ya con 74 años. Pero murió en prisión cuatro años después de leucemia, en 1991.

En unas cartas reveladas hace pocos años, el ‘Carnicero de Lyon’ escribió a un amigo: «Extraño la libertad de la que he podido gozar durante los 31 años de mi vida en Bolivia (…) Lo principal es que yo tengo bien la conciencia y que la base de mis hechos es una guerra cruel en la cual hice mi deber por mi patria«.

Para entonces, Escobar ya era conocido por el mundo entero como el narcotraficante más grande de la historia, que había sometido a Colombia en una oscura violencia. Con el arresto de Klaus, el capo cultivó su propia coca en su país, y ya se hacía también en los departamentos de Putumayo, Nariño y Caquetá. Así formó su reino de cocaína, aprovechando el control que había conseguido de la mano del despiadado nazi.


Gobernante de facto de su país entre 1983 y 1989

Ex dictador panameño Noriega sufrió una hemorragia tras una cirugía: se encuentra en estado crítico

Ex dictador panameño Noriega sufrió una hemorragia tras una cirugía: se encuentra en estado crítico
martes, 7 marzo 2017 - 23:26 PM - Agencias


El ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega, de 83 años, «está en estado grave», luego de haber sido operado este lunes de un tumor cerebral benigno, informó a la agencia EFE su abogado, Ezra Ángel.

«Tuvo una complicación», afirmó sin más precisiones el abogado de Noriega, quien sufre una «hemorragia cerebral grave», de acuerdo a lo explicado por sus hijas Thays y Sandra a la prensa.

La complicación obligó a que el ex líder panameño volviera al quirófano después de haber sido llevado a una sala de cuidados intensivos tras la operación, detallaron sus hijas.

Noriega, quien es atendido en el hospital público Santo Tomás de la capital, había sido excarcelado temporalmente para que se preparara para la intervención quirúrgica, el pasado 29 de enero.

Al mando de Panamá entre 1983 y 1989, fue acusado por Estados Unidos por lavado de dinero y narcotráfico. Incluso se lo acusó de tener vínculos con el cártel de Medellín de Pablo Escobar.

En diciembre de 1989, el presidente George H.W. Bush ordenó la invasión de Panamá, alegando que el régimen de Noriega era una amenaza para la vida y la propiedad de los norteamericanos.

El 3 de enero de 1990, el dictador panameño se rindió y fue escoltado a Estados Unidos, donde cumplió una condena de 20 años. En 2010, en tanto, llegó a Francia para cumplir una pena por blanqueo de capitales.

En diciembre de 2011, finalmente, fue extraditado a Panamá, donde cumple condena por violación a los derechos humanos.

(Con información de EFE)