A 30 años del día que Pablo Escobar hizo explotar un avión comercial y mató a 110 personas


Pero se salvó la única a la que quería asesinar

A 30 años del día que Pablo Escobar hizo explotar un avión comercial y mató a 110 personas

A 30 años del día que Pablo Escobar hizo explotar un avión comercial y mató a 110 personas
El 27 de noviembre de 1989, el capo narco colocó una bomba en un jet de Avianca que volaba de Bogotá hacia Cali para terminar con el entonces candidato presidencial César Gaviria. Pero todo le salió mal
miércoles, 27 noviembre 2019 - 06:00 AM - Agencias


Eran las 7:16 de la mañana del lunes 27 de noviembre de 1989 cuando un estallido en el cielo conmocionó a todo un país. Era el vuelo 203 de Avianca, la principal aerolínea comercial de Colombia, que tan solo cinco minutos después de despegar de Bogotá con rumbo a Cali, caía hecho pedazos sobre Soacha, el municipio más cercano.

En la tragedia murieron 101 pasajeros, seis miembros de tripulación y tres personas en tierra por los escombros. Ninguno de ellos se llamaba César Gaviria Trujillo, entonces candidato a la Presidencia de la República, quien se suponía que estaba a bordo, pues la explosión que cobró la vida de esas 110 personas, había sido ordenada por el capo del Cartel de Medellín, Pablo Emilio Escobar Gaviria, para asesinarlo.

“Vi que el avión botaba un chorro de humo y al momento fue la explosión. Eso fue como si hubiera sido una bomba. Se partió. Mejor dicho, vuelto pedazos”, contó Luis Vargas, vigilante de la empresa fabricadora de municiones y piezas militares, Indumil, uno de los primeros testimonios del atentado que recogieron los medios.

Otros testimonios afirmaron lo mismo agregando que tras una primera explosión el avión cayó rápidamente dejando atrás una estela de humo, después se produjo otra explosión que lo dividió en cuatro grandes trozos pesados. Los cuerpos y restos del avión quedaron desparramados sobre los cerros cercanos a Soacha.

La explosión se produjo cuando el avión Boeing 727 de placas HK 1803 se encontraba superando los 10 mil pies de altura. Tan solo un minuto y medio antes de estallar, el capitán José Ignacio Ossa, un veterano piloto con más de 9 mil horas de vuelo, reportó a la torre de control y tomó rumbo hacia Girardot, un municipio asentado a la orilla del río Magdalena entre las cordilleras Central y Oriental. El aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón de Cali, destino final del vuelo, estaba a tan solo 32 minutos.

Entre los pasajeros del vuelo estaba el tenor Gallardo Arellano, quien ocupó la primera silla del avión, dos filas atrás, en la silla 3A viajaba el director de mercadeo de Colgate, Alfredo Azuero Echeverryel biólogo Alemán Henry von Prahl Bauer ocupó la silla 14C y una fila atrás de él estaba John Gregory, funcionario de USAID.

En el asiento de enfrente de Gregory, la silla 15F, correspondía a un individuo del mismo nombre que el dueño de Avianca, Julio Santodomingo, pero en su lugar viajaba Alberto Prietoque abordó el vuelo con un maletín en el que creía que escondía una grabadora, pero que en realidad terminó detonando la bomba que tumbó el vuelo.

Ante la magnitud de lo ocurrido las autoridades colombianas trataron de ser prudentes y no dar información, calificando el hecho como “un misterio” mientras se adelantaban las investigaciones. En ellas participó el gobierno de los Estados Unidos que en menos de 48 horas envió a Bogotá personas de la National Transportation Safety Board, la Federal Aviation Administration y el FBI. La explosión revestía un particular interés para la potencia del norte pues en el vuelo viajaban dos ciudadanos estadounidenses: Carlos Andres Escobí y Astrid del Pilar Gómez.

Por eso las primeras versiones fueron rumores, y los primeros señalados fueron “Los Extraditables” una suerte de gremio mafioso integrado por los principales miembros de los carteles de Medellín y de Cali que declararon una guerra frontal al Gobierno y a los políticos que promovían la extradición. “Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos”, era su lema.

Esos rumores fueron confirmados una semana después del atentado por el jefe de la Aeronáutica Civil, Yesid Castaño González, quien señaló a Alberto Prieto de ser un hombre bomba engañado por el Cartel de Medellín, o un “suizo”, como se le llamaba a los suicidas en la jerga de los narcos. Castaño confirmó que el individuo Julio Santodomingo había comprado dos pasajes para el vuelo 203 de Avianca, uno para él y otro para Prieto y que habría llegado al aeropuerto esa mañana, ingresando hasta la sala de espera, pero desistió de abordar a último minuto.

Sería él quien le comunicara su misión a Prieto: grabar la conversación de unos “sapos” que viajaban la fila 14, delante suyo. Para eso le entregó la maleta donde supuestamente estaba la grabadora, pero al activarla lo que detonó fue una bomba.

LA ORDEN DE ESCOBAR

En 1988 Pablo Emilio Escobar Gaviria lideraba el Cartel de Medellín y el grupo de “Los Extraditables” y había lanzado una guerra frontal contra el Estado y todo aquel promotor de la extradición como pena para el delito del narcotráfico. Sus crímenes, atentados y magnicidios convirtieron ese año en uno de los más sangrientos de la historia de Colombia.

Decidido a acabar con todos sus más grandes enemigos, el 4 de julio puso un carro bomba con 100 kilos de dinamita en Medellín que eran destinados para el coronel de la Policía Valdemar Franklin Quintero, pero que terminaron dando muerte al entonces gobernador de Antioquia, Antonio Roldán Betancur. Al coronel Franklin lo mataría el 18 de agosto por la mañana y por la noche haría doblete ordenando el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento, quien tenía a la extradición como bandera de campaña y había denunciado públicamente los crímenes de Escobar. Además, el 2 de septiembre puso una bomba en la sede de El Espectador, periódico de Bogotá cuyo director, Guillermo Cano, había asesinado dos años antes.

Ese escalamiento violento llegó a los estadios y produjo la muerte de un árbitro por la disputa de los resultados en un partido, lo que llevó a que por primera vez se cancelar el torneo de Fútbol Colombiano, donde los narcos de la época eran dueños de varios equipos.

En todo este contexto se da la bomba al avión de Avianca, un vuelo que debía ser abordado por César Gaviria Trujillo, quien tras la muerte de Luis Caros Galán, de quien era fórmula vicepresidencial, había tomado sus banderas y la titularidad de la candidatura, lo que lo convertía en enemigo público de Pablo Escobar.

“El avión de Avianca fue explotado por órdenes de Pablo Emilio Escobar Gaviria y el Cartel de Medellín”, afirmaría años después John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, exsicario de Escobar.

En un video colgado en su canal de Youtube “Popeye arrepentido”, el lugarteniente de Pablo Escobar relata cómo se planeó el atentado y quienes estuvieron implicados en él.

Afirma Popeye que al entonces candidato presidencial César Gaviria, Pablo Escobar había tratado de asesinarlo antes de ponerle la bomba al avión de Avianca. Por eso, cuando obtiene información de inteligencia de que viajaría en el vuelo 203 no duda en ordenar el atentado.

La información se la da Carlos Castaño Gil -quien llegaría a ser jefe máximo de las Autodefensas Unidas de Colombia- y esta la obtiene del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, organismo extinto de inteligencia del Estado que ha estado involucrado en escándalos como el magnicidio a Galán y las chuzadas a la oposición en el Gobierno de Álvaro Uribe.

El DAS era dirigido en esa época por el general Miguel Maza Márquez, condenado por el magnicidio de Galán, crimen que también fue ordenado por Escobar.

Según Popeye, Escobar encargó de armar la bomba a Carlos Mario Alzate, alias el Arete, uno de sus hombres de confianza y este lo hace con la participación de Eugenio León García, alias el Taxista, un colaborador del Cartel de Medellín que luego cambiaría de bando y se volvería hombre de confianza de alias Rasguño, jefe del Cartel del Norte del Valle.

Ellos entregan la bomba a Castaño y este a su vez consigue a Darío Uzma, un sicario de Medellín que se comprometió a ejecutar el plan por la suma de 1 millón de dólares.

Sería entonces Uzma quien compró los tiquetes con el nombre de Julio Santodomingo y quién engañó a un menor de edad –“Prieto”- encargándole la falsa misión de grabar a los “sapos” que viajaban en el vuelo. A Uzma lo terminó matando Carlos Castaño -según Popeye – para quedarse con el dinero.

“La bomba la suben funcionarios del DAS burlando la seguridad del aeropuerto El Dorado y se la entregan al joven engañado”, afirma Popeye en su video, algo que no hace parte de las versiones oficiales del caso.

“La bomba era para matar a Cesar Gaviria Trujillo, no más, y el coronel Omero Rodríguez es fiel testigo de eso porque él no dejó montar al candidato, Gaviria iba a abordar ese avión, ya la bomba estaba en el aire y eso estalló”, le dijo Popeye a la Revista Semana en una entrevista de 2016.

Lo cierto es que a Gaviria le impiden abordar el vuelo a última hora, la bomba estalla en el aire dejando 110 muertos y sobre el caso sólo hay dos capturas: a Carlos Mario Alzate, alias el Arete, y Dandenys Muñoz Mosquera, alias La Quica, que paga cárcel en los Estados Unidos.

Tras el atentado, Gaviria ganaría las elecciones y se volvería presidente. En su mandato lideró la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que expidió la Constitución de 1991 – que rige actualmente Colombia- y en la que originalmente no se permitía la extradición. Como presidente, trató de someter a Escobar y demás narcos a la justicia, e incluso lo dejó construir su propia prisión, “La Catedral”, de la que eventualmente escapó.

Escobar terminó muerto a manos del Estado y de sus principales enemigos organizados bajo el nombre de “Los Pepes”. Gaviria por su parte, aún es un político relevante en Colombia y dirige el Partido Liberal, uno de los dos partidos tradicionales del país.

Sobre el caso del Avión de Avianca todavía hay muchos cabos sueltos, en medios circulan versiones que refutan la participación de Escobar en los hechos y que hablan de un error de juicio en el agente estadounidense del FBI, Richard Hahn, que investigó el caso y determinó que la explosión la había causado una bomba. Según esta versión, publicada por El Espectador, la explosión se habría producido por fallas técnicas.

Treinta años después de lo sucedido aún no está dicha la última palabra sobre qué fue lo que en realidad pasó en uno de los episodios más oscuros y trágicos de la historia de Colombia. En 2009 el caso pasó a ser declarado crimen de lesa humanidad por lo que no prescribe y hace dos años las familias de las víctimas le pidieron a la Comisión de Esclarecimiento de la verdad de la JEP investigar, aún sin una respuesta.

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Narco colombiano

Michael Jackson, George W. Bush y otros increíbles secuestros que intentó Pablo Escobar

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Tanto el rey del pop como el ex presidente de Estados Unidos se salvaron de caer en manos del capo, quien también quiso capturar a Chabeli Iglesias y a Ricardo Gareca
lunes, 20 mayo 2019 - 06:00 AM - Agencias


Pablo Escobar, el narcotraficante más sanguinario de la historia de Colombia, cometió más de 620 atentados contra la población civil, dejó más de 46 mil víctimas, entre ellas por lo menos 550 policías a quienes pagaba por asesinar. Y una de sus peores tácticas de guerra para presionar al Estado fue el secuestro. Varios políticos y periodistas quedaron cautivos en sus manos, algunos se lograron salvar, otros no corrieron con suerte. Era tanto el poder del líder del cartel de Medellín, que intentó atrapar personalidades del mundo.

Quizás el secuestro más recordado en Colombia cometido por el capo fue el de la periodista Diana Turbay, hija del ex presidente Julio César Turbay Ayala. Fue capturada en 1990 tras ser engañada con una supuestamente entrevista con el líder guerrillero, el sacerdote Manuel Pérez Martínez. Duró poco menos de cinco meses en una granja de Copacabana, municipio de Antioquia. Y murió en 1991 durante una operación de rescate al recibir una bala de fusil por la espalda que perforó su riñón izquierdo e hígado.

Otras personalidades que lograron salir con vida del cautiverio fueron el expresidente Andrés Pastrana, para entonces un periodista candidato a la Alcaldía de Bogotá. Hasta su sede de campaña lo fue a buscar el sicario John Jairo Velásquez, alias Popeye, quien se hizo pasar por un dirigente antioqueño que apoyaba su elección. Hasta que en 1988 llegó con 10 hombres más que se hicieron pasar por miembros del M-19 y se lo llevaron a Escobar, quien quería presionar al gobierno para poner fin a la extradición.

Con esa misma finalidad Escobar secuestró en 1990 al entonces jefe de redacción del diario El Tiempo, Francisco Santos, actual embajador de Colombia en Estados Unidos, quien duró ocho meses en cautiverio. Dos años atrás, en 1988, ya había secuestrado al procurador Carlos Mauro Hoyos cuando se dirigía al aeropuerto José María Córdoba de Rionegro (Antioquia), quien sería asesinado poco después.

Y el dinero y poder que la coca le había dado le hizo creer que era invencible. En medio de su afán por frenar la extradición planeó sin éxito el secuestro y asesinato del entonces presidente de los Estados Unidos George W. Bush. Pero también, quizás por diversión, quiso tener al rey del pop Michael Jackson y a la hija del cantante español Julio Iglesias, Chabeli. Además, quiso matar a Ricardo Gareca, entonces jugador del América de Cali, el rival de su club Atlético Nacional.

GEORGE W. BUSH

Cuando George W. Bush se posesionó en el gobierno estadounidense en 1989 lo primero que hizo fue cambiar su estrategia antidroga. «Antes interceptaban barcos y aviones cargados de droga en la frontera norteamericana, ahora habían decidido apuntar a la raíz suramericana del problema: los jefes narco«, describe Mark Bowden en el libro ‘Matar a Pablo Escobar’.

Las autoridades colombianas se dedicaron a desmantelar laboratorios y destruir cultivos ilícitos, mientras en Estados Unidos decomisaban mansiones y propiedades. Para entonces Pablo Escobar ya era el hombre más buscado del país, por el Bloque de Búsqueda y sus enemigos de Los Pepes. Así que propuso un acuerdo al gobierno en el que se entregaba, con sus laboratorios, si no era extraditado y le dejaban parte de su fortuna. 

El presidente Virgilio Barco analizaba la propuesta para no poner en riesgo su relación con Estados Unidos. Escobar intentó contratar a un abogado compañero de Jeb Bush, hijo menor del presidente Bush, para que intercediera con su padre. Pero el acuerdo llegó hasta febrero de 1990, cuando varios mandatarios se reunieron en Cartagena para hablar sobre la lucha antidroga. Bush los había convencido de no aceptar treguas y capturarlo vivo o muerto.

Bush se convirtió en la ‘piedra en el zapato’ de Escobar, y entonces se escucharon rumores que atentaría contra su vida. Nunca se pudieron comprobar, pero el intento más cercano estaría en manos del sicario Dandenis Muñoz Mosquera, alias ‘La Quica’, quien aún permanece en una cárcel de Estados Unidos. En 1991 había llegado a Nueva York para una misión secreta, al tiempo que se realizaba una reunión en las Naciones Unidas con varios dirigentes del mundo, entre ellos George W. Bush.

‘La Quica’ fue engañado para estar en una cabina telefónica de Queens, coordinando el supuesto ataque, se pensó en ese momento que podría ser hasta una bomba. Hasta ahí le llegaron agentes de la DEA, quien primero lo capturaron por tener documentación falsa. Pero ya detenido lo imputaron por tráfico de droga y lo señalaron de participar en la explosión del avión 203 de Avianca en 1989, que dejó 110 muertos.

MICHAEL JACKSON

Michael Jackson ya era el rey del pop cuando Escobar realizaba ostentosas fiestas en su hacienda Nápoles con los mejores artistas colombianos del momento. El capo era el hombre más rico de Colombia y uno de los más ricos del mundo. Por eso, cuando su hijo Juan Pablo, hoy conocido como Juan Sebastián Marroquín, le propuso contratar a un artista de talla internacional, él decidió que, además, iba a secuestrar al cantante norteamericano. 

Así lo contó el mismo Juan Pablo Escobar en un programa de televisión a la periodista española Ana Rosa. Afirmó que, cansado de ver los mismos cantantes cada año en las fiestas de la hacienda Nápoles, le pidió que le llevara a su ídolo, el cantante Michael Jackson, a quien el capo también admiraba. La idea era que actuara y se fuera la misma noche, por esa presentación pagarían cuatro o cinco millones de dólares de la época.

Pero el presupuesto ya era limitado por la persecución de la que era objeto el narcotraficante. Así que se le ocurrió la gran idea de contratarlo para luego extorsionarlo. Le cobraría 60 millones de dólares por dejarlo irse de la hacienda Nápoles, así recuperaría con creces el dinero invertido inicialmente. El plan ya estaba diseñado, dispondría una pista para el aterrizaje de su avión privado, y montaría el escenario en la cancha de fútbol.

Pero todo se vino abajo cuando las autoridades colombianas identificaron la hacienda Nápoles como propiedad de Escobar y le hicieron extinción de dominio. Ese día el capo escapó en un helicóptero junto a su familia, cuando los agentes de la policía y el Ejército llegaron a su más preciada propiedad.

CHABELI IGLESIAS

Escobar estaba cada vez más acorralado por el Bloque de Búsqueda que dispuso el gobierno colombiano exclusivamente para su captura, que contaba con el apoyo de la DEA y la CIA, y de Los Pepes, sus principales enemigos del cartel de Cali, paramilitares y exsocios. Sus bienes estaban siendo confiscados y había tenido que dejar parado el negocio de producción y tráfico de cocaína. Así que debía ingeniarse otra forma de conseguir dinero, y lo que se le ocurrió fue hacer secuestros extorsivos.

De esa forma pensó en secuestrar en Miami a Chabeli Iglesias, hija del cantante español Julio Iglesias a quien Escobar admiraba y escuchaba, y en Nueva York a uno de los hijos del magnate industrial Julio Mario Santodomingo. Su idea era raptarlos y traerlos a Colombia en un vuelo privado, pero su plan nunca resultó. Así lo contaría tiempo después de su muerte su hijo Juan Pablo en uno de sus libros.

Recuerda el diario El Mundo que luego del secuestro de su abuelo Julio Iglesias Puga, Chabeli, una niña de 14 años de edad, fue trasladada a Miami por su padre en 1985, junto a sus hermanos Julio Jr. y Enrique, para protegerlos de criminales que quisieran hacer lo mismo. En esa misma época Escobar ya había utilizado el secuestro como forma de financiar su guerra contra el Estado y para presionar al gobierno. Fue cuando capturó a Andrés Pastrana. 

EL «TIGRE» GARECA

El dinero y la guerra contra el Estado no fueron las únicas motivaciones de Escobar para secuestrar personalidades del país. La estrategia también sería una de sus tácticas para cobrar venganza. Así lo pensó cuando quiso capturar y asesinar al entonces futbolista argentino Ricardo Gareca, que jugaba en el América de Cali, el equipo de sus enemigos del cartel de Cali y gran rival de su club Atlético Nacional.

En la época del auge del narcotráfico en Colombia, los grandes capos compraron a sus equipos preferidos, secuestraron jugadores, compraron arbitros, arreglaron partidos. Escobar tenía el control del Deportivo Independiente Medellín y del Atlético Nacional; su socio Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano, el de Millonarios; y los hermanos Rodríguez Orejuela, líderes del cartel de Cali, del América de Cali. 

Gareca siempre estuvo en la mira de Pablo Escobar por ser la figura del América de Cali, confesó hace unos años uno de sus principales sicarios, alias Popeye. Contempló incluso poner un carro bomba a todo el elenco de ese club. Ello, también como represalia para los hermanos Rodríguez Orejuela por poner un carro bomba al edificio Mónaco donde residía la familia del capo en Medellín.


Klaus Barbie

La increíble historia del "carnicero nazi" que ayudó a Pablo Escobar a forjar su imperio narco desde Bolivia

La increíble historia del
El criminal nazi Klaus Barbie, conocido como el ‘Carnicero de Lyon’, y Pablo Escobar, el cabecilla del Cartel de Medellín
domingo, 30 septiembre 2018 - 08:33 AM - Agencias


Entre matas de coca en las selvas bolivianas, el cabecilla del entonces poco conocido Cartel de Medellín, Pablo Escobar, conoció a quien impulsaría como nadie su imperio ilegal: Klaus Barbie, un criminal de guerra nazi. Su conexión casi secreta está poco documentada. Lo que se sabe de la siniestra alianza de las últimas décadas del siglo XX es que dejó a su paso golpes de Estado, negocios con el Vaticano, un grupo paramilitar anticomunista y rutas de tráfico de droga al mundo entero.

El documento con el que el ‘Carnicero de Lyon’ llegó a Bolivia

Durante la Segunda Guerra Mundial, Barbie fue llamado el ‘Carnicero de Lyon’. La razón es simple: mató a más de 4 mil judíos, envió a más de 7 mil a campos de concentración y torturó a más de 14 mil miembros de la resistencia. Y su frialdad duró mucho más que la confrontación bélica. A su término, pasó de ser un guerrero de Hitler a un espía de la CIA, y más tarde un aliado del narcotraficante más sanguinario y grande de la historia, a quien ayudó a convertirse en tal.

A la corta edad de 22 años, Barbie se unió a Las Schutzstaffel (SS) -una organización militar al servicio del Führer- donde trabajó como espía de inteligencia. Entrada la guerra fue asignado como líder de la Gestapo en Lyon, Francia (de 1942 a 1944). Fue entonces cuando sus crueles estrategias comenzaron hasta ganarse el apodo con el que se lo conoce hoy en el mundo entero. Tortura física, sexual y psicológica eran parte de sus métodos predilectos.

La brutalidad le dio el control absoluto, ningún prisionero aguantaba sin confesar los electrochoques o los animales comiéndose su piel. Su biografía escrita por el periodista Peter McFarren da cuenta de testimonios que recuerdan hasta cómo despellejaba a las personas. Se encargó incluso de enviar a niños judíos a Auschwitz, en lo que sería una muerte segura. Al terminar la guerra fue arrestado por los Aliados… pero logró escapar.

Barbie y su familia se dirigieron a una ‘ruta de las ratas’, una vía de escape para nazis y fascistas que abandonaban Europa tras la derrota de los países del Eje, que terminaban en su mayoría en paraísos seguros en Sudamérica. Para ello, el padre Krunoslav Draganovic, del Vaticano, le consiguió un pasaporte falso y pasajes como miembros de la Cruz Roja Internacional para su ingreso a Argentina.

Desde allí, el ‘Carnicero de Lyon’ pasó a llamarse Klaus Altmann, y dio un salto a Bolivia para desatar de nuevo su personalidad. Se convirtió en aliado de gobiernos de derecha, impulsó varias dictaduras latinoamericanas de las décadas de los sesenta y setenta, inició negocios con el narcotráfico y, finalmente, conoció y sirvió a Pablo Escobar.

ALIANZAS SINIESTRAS

En los años 80, Colombia tenía pocos sembrados de coca, pero adquiría el 90% de los cultivos de Bolivia. Así entró Pablo Escobar al negocio, comprando la base en el país vecino y produciendo la cocaína en Medellín. Para entonces ya era conocido como ‘El Patrón’ en el círculo mafioso suramericano. Fue precisamente su proveedor, el ganadero Roberto Suárez Gómez, quien lo presentó con Klaus Altmann, que para entonces ya había sido asesor de las fuerzas armadas en la dictadura de Hugo Banzer y se relacionaba políticos de derecha como Luis García Meza.

Escobar viajó con sus socios del Cartel de Medellín, su primo Gustavo Gaviria y Gonzalo Rodríguez Gacha, alias ‘El Mexicano’, a conocer de primera mano las matas de coca que lo abastecerían. En lo profundo de la selva amazónica boliviana se encontró con un grupo de ex militares nazis que aun vestían los uniformes de la SS, entre esvásticas y afiches del Führer que aun veneraban, como lo dejó consignado en 2001 el periodista Alonso Salazar en su libro ‘Pablo Escobar: auge y caída del narcotraficante más famoso de todos los tiempos‘.

El ‘Carnicero de Lyon’ se le presentó como ex líder de la SS, y le hizo el recorrido por los campos de coca que él mismo cultivaba para Suárez. El negocio era claro: ellos dispondrían de sus avionetas para transportar la base de coca hasta los laboratorios de procesamiento del clorhidrato de Medellín y Escobar apoyaría un grupo de exterminio de comunistas comandado por el nazi. Además, Altmann sería el contacto del Cartel de Medellín con el banco Ambrosiano, de propiedad del Vaticano.

Entonces nacieron ‘Los Novios de la Muerte‘, un cruel grupo paramilitar al mando del ‘Carnicero de Lyon‘ que brindaba servicios a las dictaduras de Sudamérica. Secuestraban dirigentes de izquierda, adiestraban gente en distintos países, enfrentaron la revolución sandinista nicaragüense, y finalmente dieron el llamado ‘golpe de la cocaína‘. Que no fue más que el golpe de Estado que comandó el militar García Meza para que regresara al poder Hernán Siles Zuazo.

Fue un convenio para los tres socios: Altmann, Suárez y Escobar. El nazi cumplía su objetivo de derrotar a la izquierda y se mantenía seguro de la justicia francesa, mientras los mafiosos continuaban sin peligro el imperio de la droga. Bajo los mandatos de estos hombres se instauró el primer narcogobierno de la historia de la región. Según el periodista británico McFarren, celebraron incluso en la famosa Hacienda Nápoles del capo colombiano.

Klaus amasaba grandes cantidades de dinero y Escobar tomó total control de las rutas de tráfico de estupefacientes desde Bolivia hasta Estados Unidos, sobornando oficiales en Colombia y Perú. Y Suárez tuvo la exclusividad de las hectáreas de cultivos de coca de casi toda Bolivia. A los narcos menores les tocaba trabajar para él o ser delatados ante el Ministerio del Interior, que estaba a su disposición.

Pero la siniestra alianza no duró para siempre. En 1983, Klaus Barbie Altmann fue arrestado y extraditado a Francia, donde lo buscaban hace décadas para que respondiera por el envío de 44 niños a un campo de exterminio. Fue condenado a cadena perpetua en 1987, ya con 74 años. Pero murió en prisión cuatro años después de leucemia, en 1991.

En unas cartas reveladas hace pocos años, el ‘Carnicero de Lyon’ escribió a un amigo: «Extraño la libertad de la que he podido gozar durante los 31 años de mi vida en Bolivia (…) Lo principal es que yo tengo bien la conciencia y que la base de mis hechos es una guerra cruel en la cual hice mi deber por mi patria«.

Para entonces, Escobar ya era conocido por el mundo entero como el narcotraficante más grande de la historia, que había sometido a Colombia en una oscura violencia. Con el arresto de Klaus, el capo cultivó su propia coca en su país, y ya se hacía también en los departamentos de Putumayo, Nariño y Caquetá. Así formó su reino de cocaína, aprovechando el control que había conseguido de la mano del despiadado nazi.


Gobernante de facto de su país entre 1983 y 1989

Ex dictador panameño Noriega sufrió una hemorragia tras una cirugía: se encuentra en estado crítico

Ex dictador panameño Noriega sufrió una hemorragia tras una cirugía: se encuentra en estado crítico
martes, 7 marzo 2017 - 23:26 PM - Agencias


El ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega, de 83 años, «está en estado grave», luego de haber sido operado este lunes de un tumor cerebral benigno, informó a la agencia EFE su abogado, Ezra Ángel.

«Tuvo una complicación», afirmó sin más precisiones el abogado de Noriega, quien sufre una «hemorragia cerebral grave», de acuerdo a lo explicado por sus hijas Thays y Sandra a la prensa.

La complicación obligó a que el ex líder panameño volviera al quirófano después de haber sido llevado a una sala de cuidados intensivos tras la operación, detallaron sus hijas.

Noriega, quien es atendido en el hospital público Santo Tomás de la capital, había sido excarcelado temporalmente para que se preparara para la intervención quirúrgica, el pasado 29 de enero.

Al mando de Panamá entre 1983 y 1989, fue acusado por Estados Unidos por lavado de dinero y narcotráfico. Incluso se lo acusó de tener vínculos con el cártel de Medellín de Pablo Escobar.

En diciembre de 1989, el presidente George H.W. Bush ordenó la invasión de Panamá, alegando que el régimen de Noriega era una amenaza para la vida y la propiedad de los norteamericanos.

El 3 de enero de 1990, el dictador panameño se rindió y fue escoltado a Estados Unidos, donde cumplió una condena de 20 años. En 2010, en tanto, llegó a Francia para cumplir una pena por blanqueo de capitales.

En diciembre de 2011, finalmente, fue extraditado a Panamá, donde cumple condena por violación a los derechos humanos.

(Con información de EFE)